Cuando llegamos a la capital la Furich Abigail nos recibió con su guardia personal, nos dijo que podíamos descansar ella se ocuparía de los prisioneros que habíamos capturado.
Al día siguiente había en la plaza varias horcas, parecía que Abigail había tomado una decisión de la cual yo no era partidario, así que me fui derecho a hablar con ella.
- Abigail!! no puedes matar a los prisioneros, no esta bien, esa fue una de las causas por que esta revolución empezó.
- No tiene nada que ver esto con lo que pasábamos antes, Heilor.
- Claro que tiene que ver, es lo mismo, tu tienes el mando y haces lo que sea para tener a la gente comiendo de tu boca, eso no debe de ser así, es lo mismo que hacia el Rey ..
- ¡No oses compararme con ese tirano! Yo no soy como él.
- Si no lo eres, entonces perdonales la vida. Si no lo haces no eres distinta a ellos y al Rey.
Con esas palabras me fui dejando que pensara en lo que estaba haciendo. Salí del castillo rumbo a un lugar mejor.
Llegue a un lago donde había una pequeña cabaña, estaba vacía, decidí quedarme allí unos días pero tan solo llevaba unas horas cuando llego un mensajero de la capital.
Abigail había decidido perdonarles la vida, cosa de la que me alegre, pero al hacer eso el pueblo se enojo, pedía venganza por la sangre derramada anteriormente, arremetieron contra ella y el ejercito. La capital estaba sumida en el caos ... así que parecía que mis pequeñas vacaciones quedaban aparcadas por un tiempo.
martes, 8 de junio de 2010
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