Cuando llegue a la capital la vi completamente en llamas, la gente robaba, matada, hacían todo lo que querían, los guardias no pudieron evitarlo y se refugiaron en la sala principal lugar donde estaba Abigail.
Intentar llegar hasta ese lugar era practicamente imposible, los ciudadanos descontentos con la decisión de Abigail de perdonar la vida a los insurgentes desato la furia de todos aquellos que habían perdido a alguien.
Asesinaron sin contemplaciones a los insurgentes, cargaron con todo lo que tenían, palos, cuchillos, sillas contra las fuerzas que intentaron en vano evitar tales actos de locura. Aguantan como pueden en la sala principal pero los ciudadanos poco a poco consiguen destrozar las puertas que protegen a todos los que allí se resguardan.
Haciendo uso de mis habilidades consigo entrar por una ventana situada en lo alto de la sala y hablo con la Furich.
- Abigail, tenemos que salir de aquí inmediatamente.
- No hay forma de hacerlo, la única salida es por esta puerta y si la abrimos moriremos.
- ¿No hay ningún pasadizo por donde escapar?
- En esta sala no hay, la única salida es por la puerta.
- En ese caso habrá que luchar, dejarme a mi ... yo iré primero y los detendré.
- Es un suicidio Heilor, moriremos todos.
- Si nos quedamos también moriremos, mejor morir en una batalla que esperar y dejar que nos maten. ¡¡ Abrir las puertas y luego apartaos !!
Al abrirse las puertas la muchedumbre entro dispuesta a matar a todos los que allí nos encontrábamos, en ese momento un gran rugido nos paralizo a todos, se trataba de Creug el "dragón" de Hitmon.
- Ya es suficiente - dijo Hitmon - esto no tiene sentido, acabamos de salir de una guerra que a teñido de sangre nuestros hogares y vosotros lo que hacéis es seguir derramando sangre, ya es suficiente, no tiene sentido alguno seguir así. Las personas que provocaron esto ya están muertas, no cabemos más tumbas innecesariamente. No merece la pena ...
- Hitmon lleva razón - dije - hemos traído la paz a este lugar, dejemos de pelearnos, ya se a derramado demasiada sangre.
- Señoras y Señores, Hitmon y Heilor llevan razón, la paz a llegado, por favor dejen sus armas y arreglemos juntos todo esto que hemos provocado, traigamos la paz para siempre.
Tras estos cortos discursos los ciudadanos tiraron sus armas, los soldados hicieron lo mismo y todos nos pusimos a recoger los desperfectos provocados por esta pequeña revuelta.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario